Beretta: Orígenes

La fragancia del mar baña la ciudad de Bahia del Botin junto con el de ricas especias, pescado frito y algún que otro aroma sospechoso, refugio de mercenarios, piratas y viejos lobos de mar, en sus calles impera la cautela, pues es fácil que en un descuido te roben hasta la identidad.

Una miríada de goblins pululan por sus viejos puentes, los prósperos comerciantes venden sus variadas mercancías, las meretrices contonean sus caderas en los alrededores de la posada tentando con sus generosos escotes a los viajeros de paso.

En uno de los viejos edificios cercanos a la posada, algunos transeúntes son escoltados por mujeres de escaso ropaje, guiados con mano experta atraviesan sus muros dejándose llevar por la lujuria. Cualquiera que pregunte recibirá como explicación que se trata de una casa de masajes, donde los caballeros que lo deseen podrán descansar y tomar un festín en compañía de preciosas mujeres, es un local donde la guardia no suele parar, todo el mundo sabe que es beneficioso para la economía del lugar, por tanto previo pago de un donativo, se les deja tranquilos.

Entre sus paredes, no solo encontramos meretrices, también hay jóvenes que atienden la cocina, camareras, mujeres que se dedican a limpiar el lugar… Una de estas jóvenes, una muchacha pelirroja de verdes ojos almendrados carga en esos momentos con un cubo lleno de patatas, caminando despacio para sortear los diversos bultos del almacén inicia el lento ascenso hasta la cocina por unas estrechas y empinadas escaleras.

A primera vista es una muchacha delgada, aunque de constitución atlética, de mirada seria y poco habladora. La dura vida la ha enseñado a ser cautelosa, mira siempre con desconfianza a todos, hombres y mujeres por igual. Sus movimientos suelen ser ágiles, casi felinos pese a que en esos momentos esté tan agotada que apenas pueda dar un paso.

Con un resoplido deja su cargamento sobre una de las encimeras, con pasos lánguidos se acerca a por el cuchillo para pelar las patatas, a Myrna, la cocinera, no le gusta que sus chicas sean lentas o que anden haraganeando así que antes de que la azote se dispone a cumplir con su tarea.

Concentrada en no cortarse, cansada por los días sin dormir, agotada del trabajo extenuante al que la someten no se percata de la oscura silueta que se desliza tras ella.

Tan sólo cuando siente las manos agarrarla por los hombros con férrea fuerza mientras suelta un grito de sorpresa, se revuelve intentando soltarse pero una voz fría como el hielo la paraliza.

– Sigue así y tendré que golpearte gatita, ya sabes que no me gustan las chicas ariscas…- sus ojos verdes se dilatan de pánico… reconoce esa voz, todas las chicas la han advertido sobre él… Thomas “Dorado” Mcgregor, el hombre mas lascivo y peligroso de Bahía del Botín. Se queda paralizada, temblando de pies a cabeza, con el cuchillo aferrado con tanta fuerza que sus nudillos palidecen, con horror siente su aliento rozando su cuello mientras le susurra maliciosas palabras.

– Así me gusta… mmmm… Ya me dijo el bueno de Vholgar que la hija de Mary era un diamante en bruto, bueno en tu caso un rubí, ¿eh pelirroja?-con parsimonia roza sus gruesos labios contra su cuello provocándole escalofríos, el lo interpreta como una buena señal soltando una risita.- ¿No te has preguntado por qué no hay nadie en la cocina pequeña? He comprado tus servicios, vamos a pasarlo bien ¿verdad?- con lentitud le da la vuelta sonriendo, de repente sus ojos se abren espantados, farfulla llevándose las manos a la garganta de donde se derraman grandes borbotones de sangre carmesí que manchan su costosa toga dorada, con un jadeo cae de espaldas entre convulsiones, tratando de respirar, tosiendo agonizante hasta que finalmente su mirada se torna vidriosa y deja de moverse. En ese tiempo la joven permanece apoyada contra la encimera con el brazo aún extendido, la mano aferrando el cuchillo ensangrentado con el que ha rajado la garganta del hombre, ningún sonido sale de su boca, tan solo gruesas lágrimas descienden por sus tersas mejillas.

Permanece varios minutos sin saber que hacer, finalmente considera sus opciones fríamente. Ese hombre es importante en la ciudad, tiene numerosos contactos y es el principal cliente del negocio de su apestosa jefe. Seguramente la mandaran matar por esto, limpiándose las lágrimas se inclina con rapidez ante el cadáver, registra sus bolsillos haciéndose con un saquillo tintineante lleno de monedas, una daga enjoyada, un pequeño cofre lleno de rape y un pasaje de barco para Ventormenta. Una sonrisa ilumina su cara, al fin podrá escapar de esa basura de vida.

Sin hacer ruido recoge sus nuevas pertenencias escondiendo la daga en el interior de su bota, con cautela se asoma por la puerta de la cocina, en un primer momento pensó en esconder el cuerpo, pero era muy pesado para ella y ahora lo que primaba era la velocidad. Deslizándose por los pasillos del local llega a su habitación, recoge el petate que tiene preparado desde hace más de un año y con determinación se impulsa subiéndose a la ventana, saltando al tejado vecino. Estaba ahorrando para comprar el pasaje, pero la buena fortuna la sonríe al fin, con el dinero ahorrado y el pasaje es hora de iniciar una nueva vida.

Sus ojos vigilan a su alrededor recorriendo la ruta de escape que ha ensayado innumerables veces, desde el día que Vholgar la forzó, destruyendo lo que le quedaba de inocencia. Antes de llegar al embarcadero se esconde en un callejón sacando una gastada capa de su petate, ata un pañuelo a su cabeza al modo bucanero, con una sonrisa saca el billete, no lleva nombre, asiente ante su buena fortuna. Con calma recoge el petate y con paso seguro avanza hacia el final del muelle donde un gran barco permanece anclado.

Algo nerviosa no puede evitar mirar atrás, no parece que haya nada raro, suspira alejando sus miedos, con una sonrisa enseña su pasaje al goblin que lo mira asintiendo señalándole el estrecho tablón con el que se accede al navío.

Con ágiles pasos lo cruza suspirando al pisar la cubierta del barco, mira en derredor descubriendo a una pareja de guerreros de aspecto fiero que apoyados en la borda fuman mientras murmuran entre dientes.

Ella se apoya también en la borda, echando un último vistazo a su ciudad natal, si tiene suerte será la última vez que tenga que verla, pero la fortuna parece haber terminado para ella dado que de repente un pequeño tumulto atrae su atención. Al principio del muelle parece que hay un grupo peleándose, aguzando la vista cree distinguir el corpachón de Vholgar, su despreciable jefe. Soltando una maldición mira en torno desesperada por buscar un sitio en el que esconderse, todos los viajeros del barco están ahora asomados a la borda para contemplar el espectáculo del puñado de hombres malhumorados que se acerca al buque.

Con desesperación baja las escaleras esperando esconderse entre las cajas de mercancías, pero son demasiado pequeñas, sacos de especias, y algunas sedas pero nada lo suficientemente grande para ocultarla. Siente como la esperanza empieza a desaparecer, la van a encontrar, ¡la matarán por acabar por un asqueroso parásito! Un ruido la pone en tensión, algo agitada se gira hacia la dirección del ruido. Una pequeña goblin le hace señas, desconcertada se acerca a ella.

– ¿Te encuentras en un lío jovencita? – la muchacha niega con desconfianza- ¡Oh, lástima! Brandia sabía de un buen sitio para esconderse- la goblin le guiña un ojo descarada mientras comienza a subir las escaleras.

-¡Espera!Por favor, dime ¿podrías esconderme?- la goblin asiente divertida.

-¡Claro que si pajarito! tan solo me haces un regalo y yo te escondo sin problemas.-

-¿Un regalo?, ¿qué … qué quieres?- la joven la mira sin comprender nerviosa por los ruidos en cubierta.

– He oído como tintineaban tus caderas- la goblin ríe mirándola traviesa- Dame un par de monedas doradas y te esconderé, prometido.

La joven asiente sacando el saquito con cautela deshace los nudos cotilleando su interior, intentando no parecer victoriosa aún, mete la mano sacando tres discos dorados, los extiende con la mano abierta hacia la goblin.

– Te doy una moneda de oro ahora, te daré dos más cuando lleguemos a Ventormenta y esté a salvo. ¿Trato hecho?.- la goblin niega.

– No, palomita. Tú eres la del lío, si quieres que te ayude cobraré por adelantado- la muchacha la mira enarcando una ceja algo molesta.

– A ver, si te doy el dinero no tengo garantías de que cumplas tu parte del trato, eso lo primero. Lo segundo quiero llegar a Ventormenta sana y salva. Y tercero, si esos tipos me cogen te aseguro que no verás ni una sola y les diré que eras mi cómplice- la goblin la estudia, parece que la cachorra es terca, más que ella misma, finalmente con una sonrisa asiente.

– Te aseguro que yo, Brandia K-Boom, te ocultaré y evitaré que te pase nada malo hasta Ventormenta a cambio de que me des no dos sino tres oros a nuestra llegada ¿te parece bien pajarito?- La joven asiente deslizando una moneda en su verdosa mano, la goblin la muerde antes de guardarla en su bolsillo, le hace un gesto para que la siga.

Rodeando la escalera le sonríe maliciosa, después da un pequeño golpe en la pared de debajo de la escalera haciendo que se suelte un panel, tras el oculto a simple vista hay un pequeño cubículo. Rhane se introduce algo inquieta y la goblin le sonríe.

-Cuando pase el peligro vengo a por ti, manos doradas -la goblin sonríe para si de forma siniestra provocando un escalofrío en la joven, tras un golpecillo se cierra la compuerta, dejándola en una molesta oscuridad.

Con cierto nerviosismo se sienta, apoyando la espalda contra la pared, el aroma de la madera vieja inunda sus fosas nasales mientras escucha los ruidos sobre cubierta. Cierra los ojos intentando relajarse cuando unos pasos por las escaleras sobre ella y unas voces malhumoradas llegan hasta sus oídos, en tensión saca la daga de su bota preparándose para defenderse, esta vez prefiere morir luchando que permanecer encerrada.

– ¡Tiene que estar aquí! ¡maldita zorra!- se escucha un fuerte golpe que provoca un sobresalto en su corazón- ¡Buscad ratas de alcantarilla! No debe andar lejos- ruidos de telas desgarradas, golpes y sonidos de arrastre inundan el pequeño cubículo mientras la joven siente como un sudor frio la cubre, esta aterrorizada.

– Jefe, hemos puesto esto patas arriba y no hay rastro. Aquí no está…- un nuevo golpe, un quejido seguido de una sarta de maldiciones y el ruido de los pasos sobre la escalera.

– Se habrá refugiado en alguna casa cercana, quizás tengamos suerte. ¡Vamos, moved el trasero vagos!- las voces se alejan sumiendo por un instante el lugar en un agradecido silencio, mas ruidos sobre cubierta difíciles de interpretar, pasados unos minutos se escuchan unos ligeros pasos bajando por la escalera hasta que de repente se abre la trampilla, la muchacha parpadea por la luz, acostumbrados sus ojos a la oscuridad se queda cegada momentáneamente.

– Vaya, Brandia, veo que has conseguido proteger a esta chica ¿eh?- la voz grave de un hombre la sorprende, vuelve a parpadear acostumbrándose a la luz paulatinamente, ante ella un hombre de aparentemente cuarenta años la observa divertido, sus ojos azules chispeantes de diversión, su tez curtida por el efecto del mar y el sol le daba un aspecto saludable, de complexión fuerte y estatura media. A su lado la pequeña goblin que sonríe satisfecha.- Vamos niña, sal de ahí, no te vamos a comer.

La muchacha se incorpora saliendo del cubículo aún con la daga en la mano, mirándoles con desconfianza, se aparta un paso de ellos observando a su alrededor.

– ¿Vas a estar todo el viaje apuntándome con eso?- el hombre la mira serio, tornándose su antes alegre mirada en otra mas amenazadora, la joven no baja el arma, no se fia aún, pero antes de poder reaccionar el hombre da un ágil paso y dándole con el canto de la mano la desarma, después la agarra del cuello empujándola contra la pared, apenas puede respirar, agarrándose a su mano de hierro con desesperación.- Escucha niña, no me gusta que me apunten ¿queda claro?. – ella asiente como puede sin poder hablar, jadea entre toses cuando la suelta casi cayendo de rodillas.

– Bien, primera lección, no esgrimas un arma si no sabes usarla. Segunda lección, aprende a saber en quien confiar – recoge la daga mientras habla con parsimonia, bajo la atenta mirada de la goblin apoyada indolente en la pared. Le ofrece el arma a la chica que la coge con mano temblorosa, sonriendo le da una palmadita en el hombro.- Brandia y yo cuidaremos de ti, el resto del pasaje y de marineros, mejor no hables mucho con ellos, entiendo que estas en una situación difícil, no te preocupes, no dejare que te ocurra nada. Y ahora ¿cómo te llamas?

La joven se incorpora mirándole aun con desconfianza, guarda la daga en la bota y tras una pausa susurra.

– Me llamo Rhane…- el hombre asiente enarcando una ceja.

– Llámame Azor- la observa detenidamente después asiente para si- vale hacemos un trato, a ella le pagaras lo acordado pero yo quiero algo a cambio de no entregarte a esos amigos tuyos- la muchacha aprieta las mandíbulas temiendo lo que viene a continuación, lleva toda la vida en la casa de placeres, sabe que todos los hombres piensan en lo mismo pero no piensa entregar nunca más su cuerpo- No me mires así, escucha antes de que tu cabecita empiece a pensar en cosas raras. Necesito entrenarme y quiero que tu seas mi compañera de ejercicios, practicaremos el lanzamiento de cuchillos y el combate con espadas y dagas en general, este cuerpo necesita entrenamiento para mantenerse tan bien – el hombre esboza una sonrisa de autosuficiencia mientras Brandia rueda los ojos- y por lo que veo el tuyo también, tienes que mejorar tus reflejos. ¿Qué te parece?

La chica le mira asombrada, totalmente perdida ante el cambio de situación – Espera… ¿quieres entrenarme a cambio de no tirarme por la borda? – el hombre asiente divertido.- Sólo entrenamiento ¿verdad? ¿no será un truco?.

– Tranquila pelirroja, no se lo agradezcas tan pronto, quizás en un par de días prefieras compartir su cama que sufrir sus golpes.- la goblin suelta una carcajada dejándoles a solas en la bodega. Azor la mira serio acercándose a centímetros de su cara.

– Escucha, todos tenemos un pasado. Sé que no eres la dulce muchacha que aparentas, que por algo habrás escapado de esa gentuza pero no voy a preguntar, si un dia decides contármelo bien, si no guárdate tus secretos, por mi estupendo. Considera esto como mi buena acción del año, te voy a llevar a Ventormenta sana y salva, no sé como has sobrevivido hasta ahora, pero en esa ciudad o estas preparado o acabaras haciendo lo mismo que hasta ahora ¿entiendes?- ella asiente tragando saliva.- Bien, chica lista, es mejor que sepas valértelas por ti sola así no volverán a esclavizarte. Sí, no me mires tan sorprendida, todo el mundo conoce a Vholgar, si te busca es que te quería convertir en una prostituta mínimo y querida, creo que tu vales para algo más. Ahora sígueme- con un ademán le sube la capucha hasta dejar su rostro medio escondido por la tela- te enseñaré tu camarote.

El hombre la precede por la escalera tarareando una cancioncilla, tras unos instantes de vacilación le sigue tratando de aparentar la calma que no siente hasta que llegan a una puerta estrecha que éste abre, con un gesto le invita a pasar.

-Ahora yo de ti descansaría. Brandia andará cerca si la necesitas. – tras observarla un instante le palmea la cabeza sonriente- Nos vemos luego muchacha. – Sin más la deja sola en el camarote, ella observa su entorno frunciendo el ceño, tira el petate a una esquina y se sienta derrumbándose sobre la cama.

Mira el techo sintiendo como su cuerpo empieza a temblar, ahora que se siente más o menos a salvo todo lo acontecido viene de nuevo a su mente, no puede dejar de pensar en lo fácil que fue degollar al hombre, cómo le miró mientras se ahogaba con su propia sangre, la cara de sorpresa y dolor, como sus ojos se iban volviendo vidriosos hasta quedarse vacíos… lentamente gruesos lagrimones se deslizan por sus tersas mejillas, con desesperación hunde el rostro en sus manos tratando de acallar sus sollozos. No estaba preparada para matar a alguien y ahora es libre, pero ¿por cuanto?.

 Licencia de Creative Commons

Beretta: Orígenes by Nissa Audun está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional.

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