Wordtober 1: Arañas

Llega la noche y con ella la calma, al menos para mí. Tras un largo día en el trabajo rodeada del barullo de la oficina, llegar a casa y poder relajarme es un placer que trato de conservar cada día.
Cansada termino mis quehaceres antes de ponerme el camisón y meterme en la cama, ese bendito lugar donde cada noche me refugio. Sonrío estirandome bajo las sábanas mientras coloco las almohadas para poder retomar mi lectura.
Son minutos que anhelo a lo largo de todo el día. Con calma busco el marcapáginas abriendo el libro y me sumo en las aventuras de la protagonista olvidándome del mundo.
De repente un cosquilleo molesto sube por mi pierna izquierda, a la altura de la rodilla, sin hacer mucho caso agito las piernas cambiando de postura.
Vuelvo a sumirme en el mundo de fantasía del libro, ansiando por conocer el final de la aventura, me quedan pocas páginas y quiero terminar antes de apagar la luz y descansar, pero otra vez el cosquilleo incesante, tímido al principio avanza por mi muslo con insistencia. Con un escalofrío desvío la vista hacia las sábanas que cubren mi cuerpo, paralizada en un principio pues es de todos conocido mi temor por las arañas y ¿qué otra cosa podría ser?
Me armo de valor y dejo el libro sobre la mesilla, tratando de moverme lo mínimo necesario y con suavidad retiro las sábanas que me cubren mientras ahogo un grito.
Sí, es una araña que se me antoja enorme en mitad de mi muslo blanquecino. Agitada la observo rezando porque no se sobresalte y me acabe picando, estudio su cuerpo tan gordo como mi pulgar y sus patas aterciopeladas.
Durante un instante se detiene imagino que confusa por el repentino fogonazo de luz, antes de iniciar nuevamente su avance sobre mi persona. Trago saliva paralizada completamente, esperando que suba por encima de mi camisón para levantarme de un salto mientras agito las manos deseando quitármela de encima, volcando sin querer la lámpara y por un instante quedo a oscuras, temblorosa a unos pasos de la cama, pegada contra la puerta del armario que se tambalea por mi repentino golpe.
Un sollozo se escapa de mi garganta mientras busco a tientas la lámpara, temiendo en cada momento tocar ese cuerpo aterciopelado en mitad de la oscuridad.
Cuando consigo encender la lámpara observo rapidamente a mi alrededor, pero como es normal no la encuentro. Mi peor pesadilla, ese momento en que sabes que hay una araña en el cuarto pero no la ves.
Giro sobre mí misma varias veces, cercionandome de no tenerla cerca y despues agarro la zapatilla a mis pies, la sacudo por si se ha escondido dentro pero nada. Armada entonces con ella me acerco a la cama, para comenzar a retirar las sábanas y la almohada buscando el oscuro cuerpo que me aterroriza. Pero es inútil, a saber donde se ha metido.
Decidida a acabar con ella me retiro lentamente hacia la puerta pero al pasar por delante del espejo siento que el alma se me cae a los pies. La muy traicionera ha estado todo ese rato en mi hombro, observando con sus ojillos perversos mis acciones. Antes de poder reaccionar nuestras miradas se encuentran en el espejo y lentamente, con alevosía corretea hasta mi cuello donde me pica. Un terrible dolor me atenaza e intento manotear apartándola de mí, entre gritos y sollozos trato de alcanzar la puerta del cuarto.
¡Que se quede en la habitación!, yo mientras ire a por el veneno, pero la puerta parece lejana, mis pasos se vuelven inseguros mientras siento como el cuarto da vueltas hasta que me derrumbo.
Paralizada, esta vez de verdad por su cruel veneno observo como la pequeña araña se aproxima a mi mano.
Un sudor frío me recorre mientras siento sus patitas avanzar sobre mi mano, con lentitud, sin pausa hasta que la pierdo de vista y entonces, pasados los segundos más aterradores de mi vida vuelvo a verla. Está en mi hombro, observandome, moviendo sus patas con una extraña danza como si me estuviera hablando por señas.
No puedo creer que me esté sucediendo esto, las arañas no se comportan así ¡por el amor de una madre! Intento apartarme pero mis músculos están paralizados por la ponzoña, la respiración acelerada cada vez es más superficial, noto como mis sentidos se embotan mientras una fría calma invade mi cuerpo.
¿Es así como voy a morir? ¿Por un picotazo de una araña?
Ni siquiera puedo gritar, ni llorar, ni moverme. ¿Acaso voy  a convertirme en una momia como en esas peliculas cutres de serie B?
Intento cerrar los párpados pero no puedo, tan solo puedo observar a mi pequeña asesina disfrutando del momento. Y cuando creía que nada podía ser más aterrador, la observo descender hacia mi cara, sus patas corretean por mi rostro hasta que con un gemido ahogado siento que se introduce en mi oído.
Apenas siento más que ese cosquilleo, y después, algo húmedo descendiendo por mi conducto auditivo… ¡no puede ser!
¡¡¡¡Está poniendo huevos en mi oído!!!!
Con un gemido sollozante me rindo a lo inevitable, el aire se me escapa, apenas puedo respirar y poco a poco caigo en la inconsciencia deseando morir por primera vez en años…

Licencia de Creative Commons
Arañas by Nissa Audun, está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional.

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