Wordtober 6: Escultura

Otra noche más que le fastidiaban los planes, resopló mientras cruzaba los pasillos del museo hacia su zona de trabajo. Al menos el café de la maquina era bueno, porque en los dos últimos trabajos o ponía a tope la selección de azúcar o era intragable.

Cuando llegó a su mesa dejó el café recogiendo el móvil para seleccionar la lista de música suave con la que solía trabajar; en este caso hacer el inventario de la nueva exposición que se empezaría a colocar al día siguiente.

Al ser la más novata le había tocado a ella, cosa que normalmente no le molestaba, pero esta noche había planeado ir a ver una película al cine y quizás salir a cenar al wok cercano a su casa. Pero por supuesto, una noche más en vela que iba a pasar en ese museo.

Se colocó los cascos guardándose el móvil en el bolsillo del pantalon, después dió un sorbito al primer café de la noche echando una breve mirada a las cinco cajas que tenía ante sí.

-Bueno, antes te pones, antes terminas amiga.- Musitó tomando la pata de cabra con la que se ayudaría a abrir las cajas. Murmuró para sí luchando por abrir la primera de las cajas, un hábito que había adoptado tras tantas noches trabajando en ese lugar que de día parecía acogedor, pero en las largas horas nocturnas aún le causaba algo de resquemor.

Al terminar de abrir la caja pequeña, fue sacando las piezas catalogandolas en el bloc con las notas habituales de peso, longitud, estado de la pieza, número de serie y demás que era tan aburrido hacer, tomando de cuando en cuando pequeños sorbos de café al ritmo de la musiquilla relajante.

Cuando terminó con la primera caja se armó con la pata de cabra y se dirigió  a la más grande, abriendola con cuidado para descubrir una escultura de practicamente dos metros. Extrañada la observó tomandose un momento para admirarla, había algo en ella que le provocaba cierto malestar. Quizás el rostro finamente labrado que reflejaba una gran angustia, o esas delicadas manos alzadas en gesto de súplica.

Murmuró para si apartando la mirada de la escultura para revisar el bloc del inventario pero nada, no había ninguna anotación en referencia a esa escultura.

Se rascó la nuca como solía hacer cuando se sentía nerviosa, decidiendo que dejaría el misterio para más tarde. Volvió a colocarse los cascos, desempacando la siguiente caja donde por fín las piezas si estaban registradas en el bloc, trabajando casi como una autómata fueron pasando los minutos hasta que escuchó una especie de maullido por encima del sonido de los cascos.

Se quedó quieta intentando escuchar el sonido de nuevo, quitándose los auriculares para dejar el móvil sobre la mesa.

Nada.

Silencio, sólo roto por su respiración agitada. Sintiendose tonta se paso una mano por la frente pensando en dejar de ver tantas películas de terror.

Volvió a colocarse los cascos pasados unos minutos pero cuando iba a volver a poner la música el angustioso maullido volvió a escucharse, esta vez más cerca. Dándose la vuelta esperó ver al minino a sus pies, pero tras ella solo estaba la escultura.

Parpadeando tomó el móvil encendiendo la linterna para dirigirse al fondo de la sala, donde los focos apenas daban luz dejando buena parte en sombras. Quizás alguna gata había entrado en el sótano y había tenido una camada de gatitos, siempre quiso adoptar uno y quizás era el destino que la animaba a cumplir sus deseos. Pero a pesar de investigar cada recodo, no logró hallar ni a la gata, ni a los cachorros.

Molesta por perder el tiempo volvió a su puesto de trabajo, apagó la linterna y volvió a ponerse los auriculares conectando la música. Seguramente la escultura le estaba jugando una mala pasada, se lo habría imaginado o quizás fue un gato allá fuera y su maullido había atravesado alguna ventana del sotano dando la impresión de que se encontraba en la misma sala. Sea como sea tenía trabajo.

Estaba tomando el bloc de notas algo más nerviosa de lo que conscientemente se permitía admitir, cuando escuchó nuevamente el misterioso maullido. Sintiendo como el miedo atenazaba su garganta decidió dejar el resto de inventariado para la mañana, seguramente sería alguna puerta con las bisagras viejas o eran solo imaginaciones se dijo mientras cogía a la carrera su chaqueta y el bolso, apagando las luces tras ella y cerrando la puerta de la sala se encaminó a la salida con pasos presurosos.

Esa noche tuvo que dormir con la luz encendida agobiada por pesadillas de momias que se levantaban de sus sarcófagos y la perseguían por los amplios pasillos oscuros del museo, por lo que a la mañana siguiente le costó más que nunca levantarse temprano.

Si conseguía conservar el trabajo iba a ser de milagro, entre que no había terminado la tarea la noche anterior y que llegaba tarde seguramente la tomarían por una irresponsable.

Recorrió todo el trayecto de la boca del metro hasta la entrada del museo casi a la carrera deteniendose tan solo al ver varios coches de policía a la entrada, frunció el ceño trastabilando por las escaleras hasta que se reunió con sus compañeros. Todos pálidos y nerviosos la miraron como si fuera un fantasma, o algo peor, tras ellos una cinta de la policía cerraba el paso hacia el sótano donde había estado trabajando la noche anterior.

-¿Qué pasa?…-

-¿No te has enterado? Anoche…- otro muchacho de su misma edad, que actualmente trabajaba de becario empezó a responderle para callarse mirando tras ella.

La muchacha parpadeó extrañada mientras giraba el rostro para descubrir a su jefa que la miraba entre preocupada y recelosa.

-María, ¿fusite tu la que se quedó anoche trabajando?- ella asintió casi sin fuerzas, asustada por lo que pudiera haber pasado.- Bien, entonces creo que la policía quiere hacerte algunas preguntas. Ven por favor.

La muchacha apenas pudo asentir volviendo el rostro una vez hacia su compañero que la miraba con asombro, confundida siguió a su jefa hasta un policía uniformado que tomaba notas. Cuando llegaron a su altura, este la observó detenidamente, antes de hablar.

– Buenos días ¿señorita?

-María-logró contestar tras lo que se le antojó una eternidad.

-Bien, me comunican que usted fue la última en abandonar el edificio anoche. ¿Puede decirme a qué hora fue?

-Pues… debían ser las once y media mas o menos, no me quede mucho porque me encontraba mal…-Miro de reojo a su jefa intranquila.

-¿Once y media? ¿Cómo lo sabe?

-Encima de la puerta de salida hay un gran reloj, me fijé en la hora para saber si me daba tiempo a coger el autobus o tendría que volver en taxi.

-Entiendo, digame. ¿Notó algo extraño anoche?

Parpadeó confundida.

-¿Extraño? No… entiendo. Yo solo… estaba haciendo el inventario, como me ordenaron.

– Ahá… _Cuenteme cualquier cosa puede servirnos de ayuda.

-Bueno… es que no sé que ha pasado. Yo simplemente fui abriendo las cajas, las de las piezas de la colección de la era Victoriana… – tragó saliva ante la mirada fija del policía, si le contaba que se había ido a casa porque tenía miedo de las momias del museo se reiría en su cara y su jefa seguramente la despedía ipso facto- Lo único raro fue esa extraña estatua, no estaba en el inventario. Pensé que se habrían equivocado al dejarla y decidí preguntar por la mañana a mi jefa.

-Ya veo… ¿y no notó nada extraño en la escultura?-no se le pasó por alto el cruce de miradas entre su jefa y el policia mientras negaba.

-No, bueno… me dio cierta aprensión no sé por qué, luego me empezó a doler la tripa, supongo que por el café y decidí irme a casa.

El policia la observo unos instantes asintiendo.

-Puede que esa taza de café le haya salvado la vida señorita, por favor no abandone el edificio mientras seguimos investigando. Le avisaré si necesitamos que declare en comisaría.

Ella asintió levemente mirando de uno a otra.

-Pero…¿qué ha pasado? No entiendo nada.

El policia la observó con una mirada apenada.

– Me temo que no puedo decirle nada del caso. – desvió la mirada hacia la directiva, inclinandola levemente antes de volver a la sala.

María por su parte no sabía a qué atenerse, girandose hacia su jefa trató de justificarse, seguramente había sido un robo. Quizás se había dejado la puerta sin cerrar bien por las prisas.

-Yo, le prometo que al irme cerré todo tras de mí. Avisé al guardia de que me iba…- la mujer le dedicó una mirada aliviada.

-Querida, eso no importa. Me basta con saber que estas bien, ¡sólo de pensar que podrías ser tu en vez de esa muchacha se me hiela la sangre!.

-Eh… ¿muchacha? ¿A qué te refieres?-Sintió como las garras del miedo se clavaban en su espalda al escuchar las palabras de la mujer.

– La chica que encontraron dentro de la estatua, al parecer algun desalmado la secuestró y la cubrió de yeso, ¿imaginas? ¿Morir así? Axfisiada dentro de la escultura, como un ataúd macabro…

En algun momento dejó de escucharla mientras sentía como el suelo ascendía hacia ella, o quizás era ella la que se derrumbaba sobre este. Los maullidos… no era una gata, ¡era esa chica gritando para que la salvara!

(*Nota de la autora: Gracias a mi hermana por inspirarme a escribir esta historia.)

Licencia Creative Commons
Escultura by Nissa Audun está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 4.0 Internacional.

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